Privacidad y Políticas Públicas

Los niños están en Internet y es necesario adaptarla

04/07/2018

Por Marina Pita, do Instituto Alana | #Boletín17


De a poco, la cultura adultocéntrica empieza a abrir un espacio para la percepción de que Internet y las tecnologías de la información y la comunicación están presentes, y mucho, en las vidas de los niños y los adolescentes. La investigación TIC Kids Online Brasil 20161 estima que ocho de cada diez niños y adolescentes con edades entre 9 y 17 años son usuarios de Internet, lo que corresponde a 24,3 millones de personas, casi un cuarto del total de usuarios de Internet del país2. De este grupo, el 86% afirmó que tenía perfiles en redes sociales y el 91% dijo que usaba dispositivos móviles.

Pero si los niños y adolescentes ya son una parte significativa de los usuarios de TIC, la creación de productos y servicios diseñados para ellos, considerando su bienestar y su mejor interés, todavía está muy verde. En general, los niños son usuarios de soluciones desarrolladas por adultos, considerando las necesidades de sus pares y de negocios. Considerando eso, no es raro observar que las especificidades de personas en una etapa particular del desarrollo y las necesidades derivadas de esa condición no están presentes en los equipos ni en las plataformas usadas por ese público.

Esa idea de que hoy en día hay cientos de millones de niños y adolescentes usando herramientas de tecnologías de la información y la comunicación inapropiadas, ya sea por falta de conocimiento de los desarolladores o por mala intención de los creadores, es bastante simple, pero tiene un potencial enorme de sensibilizar acerca del desafío que tenemos por delante para garantizar los derechos de este grupo de individuos hipervulnerables. En un mundo cada vez más mediado por tecnologías digitales y orientado por el flujo intenso de datos, ¿cómo asegurar el acceso, minimizar los riesgos y ampliar y democratizar oportunidades sin que todos estén conscientes de esa necesidad y responsabilidad?

Como ejemplo, recientemente madres blogueras y activistas digitales3pusieron en evidencia el papel de estímulo al consumo infantil que algunos influenciadores digitales vienen cumpliendo cuando, en marzo de este año, divulgaron que Felipe Neto, uno de los mayores YouTubers de Brasil, participó de un panel cuyo título era “El lugar de los niños es el supermercado: El poder de compra del público infanto-juvenil”, en un evento promovido por supermercadistas. A continuación, una serie de madres, padres y responsables salieron del armario4 para decir que los videos online estimularon a los niños a adoptar comportamientos extraños, como querer consumir productos alimenticios de valor nutritivo dudoso, y de pedir más y más juguetes después de ver videos en los que se desembalan y exploran juguetes, los llamados videos de unboxing5.

La exposición de niños y adolescentes a la publicidad en Internet realmente merece atención. La investigación TIC Kids Online muestra que, en 2016, a pesar de que la televisión siga siendo el principal medio de exposición a la publicidad o la propaganda (80%), creció el porcentaje de usuarios de Internet de 11 a 17 años que tuvieron contacto con contenido mercadológico en sitios de video, que alcanzó el 69%.

Y el tema viene generando un cierto movimiento. Recientemente, Facebook anunció en los Estados Unidos una nueva política para la publicidad de accesorios de armas, que prohíbe su exposición a personas menores de 18 años.6.

Pero la cuestión central todavía está en la publicidad camuflada, que si se la considera abusiva e ilegal cuando se la dirige a adultos, todavía es más inaceptable cuando el blanco son los niños, muchas veces incapaces de diferenciar el contenido de la comunicación mercadológica y aún inmaduras para analizar críticamente su caracter persuasivo.

“La creciente popularidad de los niños YouTubers entre su audiencia y el impacto que ejercen entre sus pares, por medio de la construcción de una relación de proximidad e intimidad, atrajeron la atención del mercado, que ve ese espacio como facilitador de la publicidad dirigida al público infantil. Diversas empresas, aprovechándose de la hipervulnerabilidad, tanto del niño YouTuber, como del niño espectador, empezaron a mandarles sus productos a esos influenciadores digitales para que ellos los desembalen, los presenten, los prueben y los divulguen en sus redes sociales”, afirma la abogada del programa El niño y el consumo, de Alana, Livia Cataruzzi7.

En los Estados Unidos, la práctica de la publicidad camuflada en redes sociales viene generando una preocupación creciente en la Federal Trade Comission. En abril de 2017, este organismo envió, con fines educativos, más de 90 cartas a propietarios de perfiles y anunciantes recordándoles que, al divulgar productos y/o servicios, deben hacerlo de manera clara e inequívoca8.

Pero en el caso de los niños, dejar en evidencia que determinado contenido es publicitario no es suficiente. Es preciso impedir la publicidad orientada a ese público, en conformidad con la legislación. Dirigir publicidad a personas de menos de 12 años está prohibido, ya que eso busca aprovecharse de la peculiar condición de desarrollo del niño para persuadirlo a que consuma. En el caso brasileño, la comprensión se desprende de una lectura sistemática de los dispuesto en el artículo 227 de la Constitución Federal de 1998, en el Estatuto del Niño y el Adolescente (Ley n° 8096/1990) y, especialmente, en el artículo 37, sección 2ª del Código de Defensa del Consumidor (Ley n° 8078/1990), que caracteriza como abusiva la publicidad que “se aproveche de la insuficiencia de juicio y experiencia de un niño”.

El fin de las prácticas de acoso y explotación comercial de los niños mediante publicidad dirigida a ellos es algo que debe conquistarse urgentemente. Pero en el contexto actual de desarrollo tecnológico y socioeconómico, la explotación comercial de los niños y los adolescentes en el ambiente online puede darse también a partir de la recolección y tratamiento de datos personales. Es necesario garantizar que niños, niñas y adolescentes tengan acceso al conocimiento y información, lo que hoy día significa acceso al Internet. Pero, para que no se violen los derechos a la privacidad y al libre desarollo de la personalidad, este acceso no puede estar condicionado a la lógica predatoria de la recolección de datos, con riesgo potencial a la seguridad y con efectos sobre el derecho a la privacidad, al desarrollo sano y a la libertad.

Es injusto, antiético e ilegal que el derecho de los niños y los adolescentes al desarrollo libre de la personalidad pueda cercenarse usando sus rastros digitales. Tampoco es razonable que sus horizontes sean limitados por lo que parecen decir esos datos acerca de lo que ya conocen, les gusta y buscan en línea. Es necesario garantizar que la infancia y la adolescencia no sean encuadradas y clasificadas por modelos artificiales y algorítmicos opacos, que puedan afectar su acceso a servicios como la salud y la educación, o incluso a oportunidades sociales y personales.

Todavía estamos en los comienzos de la sociedad orientada por los datos digitales y las soluciones de Inteligencia Artificial recién están empezando, de modo que el principio de la preocupación es el mejor método para evitar efectos perversos del uso de rastros digitales por niños y adolescentes, con implicaciones presentes y futuras.

Marina Pita es periodista, especializada en tecnologías de información y comunicación. Actualmente es periodista de protección de datos en el programa Prioridad Absoluta, de Alana.

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