Privacidad y Políticas Públicas

Editorial — Violencia en línea, privacidad y el anonimato

10/09/2016

Por Joana Varon, Natasha Felizi e Raquel Rennó | #Boletín14

Violencia en línea, privacidad y anonimato
¿Cómo hacer frente a los ataques racistas, sexistas y la represión política en línea sin la necesidad de ampliar los poderes de la censura y la vigilancia del Estado y de las corporaciones?

Las expresiones de odio y la violencia en línea tienen un alto potencial destructivo, especialmente cuando se apoyan en las asimetrías de poder y en las diferentes formas de discriminación basadas en el género, la raza, el credo, la nacionalidad y la orientación sexual. Tanto el Estado como los proveedores de servicios de Internet y los usuarios de la red han buscado maneras de lidiar con el problema, pero muchas de las soluciones no son satisfactorias.

El sentido común sostiene que el anonimato facilita la propagación de diversas formas de violencia en línea porque dificulta la identificación de los autores. Pero este tipo de pensamiento simplifica demasiado el problema. No toma en cuenta el hecho de que la privacidad y el anonimato son cruciales para el ejercicio de la libertad de expresión, muchas veces entre aquellos que son a menudo el blanco de la violencia en línea.

Para las personas que por su género, raza o sexualidad no se encuadran en los patrones normativos y que por lo general son los principales blancos de la violencia en línea, el derecho al anonimato y la protección de sus datos es una cuestión clave. Esto se debe al hecho de que ejercen su libertad de expresión en contextos en los que el Estado o la sociedad son hostiles, sobre todo cuando se trata de cuestiones relacionadas con los derechos sexuales y reproductivos, como el aborto, el cambio de denominación social u otras causas de disidencia política. O sea, medidas contra el anonimato o a favor de una mayor recolección y conservación de los datos personales en Internet terminarían dándole más poder al estado y las empresas, ya que ampliarían su capacidad de identificar voces disidentes y, posiblemente, censurar el contenido y el comportamiento en función de sus propios intereses.

¿Cómo evitar que las empresas y los gobiernos adquieran todavía más poder para controlar nuestros discursos bajo el pretexto de la lucha contra la violencia en línea y los contenidos ofensivos? ¿La prohibición del anonimato y la eliminación del contenido ofensivo no es solamente una manera de ocultar los problemas estructurales de la sociedad que genera este tipo de discurso y que deben cuestionarse? ¿Cuál sería la manera más constructiva y educativa de hacer frente a este tipo de violencia? Esta edición del Boletín Antivigilancia tiene como objetivo discutir la cuestión de la violencia en línea, la privacidad y el anonimato. Han colaborado abogadas, investigadoras, activistas, desarrolladoras informáticas y personas que utilizan sus plataformas para la expresión política y sexual y, por lo tanto, son blancos frecuentes de la violencia.

En la primera sesión, “¿Qué es y quiénes sufren la violencia en línea?” Agneris Sampieri, abogada mexicana, trata de definir qué es la violencia de género en línea, sus principales expresiones y cómo la censura y la prohibición del anonimato tienden a exacerbar el problema. En la misma sesión, Charô Nunes, del blog Blogueiras Negras, detalla cómo entender la red como un espacio para amplificar las voces de las mujeres negras, el grupo que tuvo el mayor aumento en la tasa de homicidios en Brasil. Lola Aronovich, de “Escreva, Lola, Escreva”, uno de los blogs más populares de feminismo en Brasil cuenta cómo ha sido y sigue siendo víctima de doxing, discursos de odio, falsificación de su perfil y cómo enfrenta estos tipos de violencia. Miro Spinelli, performer transgénero, describe cómo recientemente ha sido blanco de críticas y campañas de desmoralización cuando imágenes de una actuación suya fueron viralizadas en las redes. Por último, la activista mexicana lesbofeminista anamhoo escribe sobre la importancia de crear alternativas a la infraestructura de las redes sociales corporativas que refuerzan las normas de conducta sexista en sus términos de uso y políticas de privacidad.

En la segunda sesión, La respuesta de los medios privadoslas investigadoras y activistas de derechos digitales Paz Peña y Joana Varon explican cómo la política de “nombre real” de Facebook y el acuerdo entre Facebook, Twitter, Youtube y Microsoft para lidiar con el discurso de odio pasan a ser la manifestación de una lógica colonialista para el mundo digital, donde deciden lo que es moralmente aceptable para sus patrones sociales y culturales. En este mismo eje, la investigadora y psicóloga transgénero Céu Cavalcanti comenta aspectos de su lucha para el reconocimiento del nombre social en un contexto donde las redes sociales todavía requieren la identificación del perfil relacionado con el certificado de nacimiento.

En la tercera sesión, La respuesta por parte del sector público, la periodista brasileña Ana Freitas, víctima del GamerGate brasileño, defiende la importancia de mantener el anonimato para la libertad en Internet. Lucas Teixeira y Joana Varon informan acerca del proceso de trabajo de la Comisión Parlamentaria sobre la Ciberdelincuencia en Brasil (CPICiber) y los riesgos que las leyes restrictivas y de censura previa implican para la libertad de expresión y la privacidad individual.

La sesión final, Tácticas y herramientas contra la violencia en línea presenta estrategias de gestión de la propia identidad por la investigadora española Alex Haché y alternativas tecnológicas para combatir la violencia en línea a partir de la experiencia del GamerGate, por Gem Barrett. La abogada Fernanda Balderas aborda el problema de la distribución de imágenes íntimas y las posibles medidas a adoptar en tales casos. Y, por último, el investigador y artista Tiago Rubini cuenta cómo minorías LGBT usan el anonimato y redes alternativas como una manera de garantizar la protección mutua y la capacidad de comunicarse sin censura.

Esperamos que, con esta edición, se profundice el debate sobre la violencia en línea y a la vez se pueda proponer una discusión que no se agota con la imposición de leyes o términos de uso de los servicios y debe desarrollarse de manera conjunta con todos los actores involucrados en la cotidianidad de la red.

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